El deseo sexual

El deseo sexual

El deseo sexual y el oficio más antiguo del mundo

Si es verdad esto que dicen
y que viene de tan antiguo y sigue funcionando,
no es sino porque el ser humano
es un objeto de deseo.

Somos seres, unos y otras, deseantes;
y sin deseo, el ser humano moriría,
o mejor dicho… se dejaría morir. 

Es lo que ocurre en cualquier depresión:
nada apetece,
nada se quiere,
nada despierta nuestro interés:
el deseo…  desaparece, claudica…
por el motivo que sea… (hay tantos como seres humanos hay)
que acaba con las ganas de todo
por eso “no se tienen ganas de nada”,
y por eso, también y siempre,
uno pone la importancia de su propia vida, 
en cuestión.

 Hace algunas semanas, un psiquiatra amigo,
me pidió opinión,
precisamente, sobre uno de sus pacientes
que presentaba una depresión severa. 

Algo alterado, me indicaba que su paciente,
había tenido la tentación
de  entrar en una “casa de placer”….. y de hecho entró. 

Le pregunté si eso le preocupaba por algún motivo;
y sí, si que le preocupaba, y mucho.
Porque aunque su formación científica
tiraba hacia su lado más laico,
su educación moral,
no dejaba de molestar a su conciencia por
 la decisión de su paciente. 

En mi opinión, le dije, eso es bueno,
y esto porque el deseo, sea cual sea,
ha despertado de su letargo:
tu paciente… ya tiene ganas… de lo que sea… de algo… 

Apareció el deseo, y esto debería de alegrarte, le dije,
porque se está curando, está saliendo de la depresión,
precisamente porque está deseando…
sea en la forma que sea. 

Le dije más, reconozco que en un tono jocoso,
con el ánimo de aliviar su conciencia:
” Yo no estaría preocupado
porque entre en un lugar así…
lo que realmente me preocuparía
es que no saliera”.

 Al fin y al cabo… la carne, es débil, dicen,
un pretexto que nos viene bien a todos y a cualquiera.

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