“No hay que lamentar daños personales”

Esto que expongo como título
suele ser utilizado, con usual frecuencia,
ante catástrofes de todo tipo:
atmosféricas, geodinámicas (terremotos)
reyertas callejeras o ataques que hoy se tildan
de violencia de género.

El caso, es que la frase,
muy manoseada por cierto,
no deja de tener “su gracia”,
pues atiende exclusivamente
a lo físico de la persona,
desatendiendo, por lo tanto,
a lo emocional.

Pero ¿cómo se puede decir,
que cualquiera de estas catástrofes mencionadas
no producen daños personales?

Me parece un sarcasmo el hecho de que
perder el lugar donde habitar,
ver destrozado tu entorno,
enfrentarte al horror de una agresión inmerecida
y verse en la confrontación, quizá por ideales…
se trasmita hacia la población –que somos todos-,
y si no hay muerte…
con el eufemismo de que
“no hay que lamentar daños personales”.

Si los daños de lo circunda y es de uno
no son personales, entonces… ¿de quién son?